lunes, 8 de agosto de 2011

BADAJOZ, Ciudad de Museos

08.08.11 - HOY - FRANCISCO TEJADA VIZUETE* | DIRECTOR DEL MUSEO DE LA CATEDRAL

Sin necesidad de plantear cuáles sean las condiciones requeridas para que una determinada entidad cultural pueda denominarse Museo, queda fuera de dudas que tales son en nuestra ciudad el Arqueológico Provincial, el Provincial de Bellas Artes, el Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo y el de la Catedral Metropolitana. Pero, además, Badajoz cuentan con una interesante colección museográfica de carácter taurino, con un centro, bien equipado, de interpretación de la ciudad y con determinadas salas en la antigua Poterna de Santiago destinadas a exhibir elementos carnavaleros. La suma de todos los citados resulta más que satisfactoria para una ciudad como la nuestra, muy lejos todavía de los circuitos turísticos y culturales de importancia de nuestro país. La cantidad, sin embargo, no nos ha conducido, más allá de enfatizarla, a plantearnos algunas reflexiones sobre el alcance y significación de nuestros museos. La primera de éstas podría versar sobre el público que los visita: cantidad, procedencia, perfil cultural..., por más que todas estas notas no han de ser la mejor razón de la existencia de un Museo. No obstante, estoy persuadido de que las cifras globales que, en ocasiones, se ofrecen a la opinión pública están empeñativamente más que abultadas. Una segunda reflexión tendría que ver con la identidad propia de cada Museo y con el modo y manera de organizar y ofrecer al público, real o potencial, los contenidos con los que aquel puede contar, se trate de sus propios fondos o de los que temporalmente recibe en préstamo para determinados eventos. Hablamos, pues, de la «filosofía», si la hay, dominante en una institución museística, perceptible a través de una museología coherente y potenciada por una adecuada museografía.

Y puesto que hablamos de los Museos de Badajoz, me parece obligado emitir con el mayor respeto mi personal punto de vista, nutrido de esa segunda reflexión. No ignoro las dificultades que entraña el montaje y posterior cuidado de un Museo, el apostar por una línea significativa de Exposiciones temporales o el programar unas actividades propias), por lo que debemos aplaudir del Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo de Badajoz el mantenerse fiel, sin concesiones a la galería, a lo que su propia denominación indica, así como su apuesta decidida y valiente por acercarnos y facilitarnos el conocimiento y diálogo con el más puntero y «lejano» arte actual, removiéndonos, al menos, de nuestras rígidas poltronas estéticas, más bien conservadoras. Mis aplausos también para el Museo Arqueológico Provincial, cuyo discurso ofrece una panorámica nítida y cronológica de la evolución de las culturas que se dieron en nuestra territorio desde el Paleolítico; discurso que se enriquece notoriamente gracias a una cuidada museografía: la aplicada a la sin par colección de las Estelas de Guerrero, de la Edad de Bronce, no sólo es buena, sino paradigmática.

Se comprenderá que omita cualquier juicio de valor sobre el Museo de la Catedral de Badajoz, que me toca dirigir (Museo de titularidad «privada» y carente de ayudas oficiales que faciliten su misión). Del Museo Provincial de Bellas Artes debemos valorar su lucha permanente con un problema nunca solucionado de modo suficiente: el del espacio; problema que convierte en poco menos que imposible cualquier intento museográfico de cierto empuje, encerradas sus numerosas piezas exhibidas entre los muros opresores «decimonónicos» de unos elegantes inmuebles, no fácilmente museables más allá de lo que podría ser la caracterización de unas viviendas «burguesas» de la época. Digamos también que, en este caso, la notoria disponibilidad de recursos económicos públicos puede llegar a resultar la peor aliada del Museo, al permitir el crecimiento de unos fondos que, en más de una ocasión, no parecen ajustarse a un posible y teórico ideario museológico del mismo. Nacido, como otros Museos Provinciales españoles, en momentos de una exultante apuesta por las Bellas Artes (1920), dicha apuesta quedaba bien ligada a los afanes regionalistas del momento; pero hoy, para algunos profesionales del ramo, ni siquiera las numerosas Exposiciones temporales de este Museo clarifican del todo el devenir de tal identidad originaria.
Una última reflexión nos sugiere la noticia de otros futuros Museos de la ciudad. La prensa local nos anuncia, en un caso, la posibilidad de crear un nuevo Museo en la iglesia de Santa Catalina; Museo que algunos ya sugieren debiera ser de la Semana Santa.
En otro caso nos detalla el anteproyecto, prácticamente ultimado, del Museo de la Ciencia y la Tecnología. Acogemos con la mayor simpatía tal anteproyecto, esperando que la política cultural que llevan a cabo las diversas instancias de poder (autónomico, provincial y local) preste su oído a este «cantar», justamente oportuno y necesario. Nos interesa del anteproyecto dado a conocer casi todo, entendiendo que la «inversión productiva» más definitoria del mismo vendría dada por el hecho de que un Museo de esta índole puede llegar a ser un instrumento cultural, científico y didáctico de primer orden para nuestro pueblo. A otro «cantar» me suena esa otra idea de un posible Museo de la Semana Santa, ya que ésta, como celebración radicalmente religiosa, viva y palpitante, no resulta museable, salvo que una vez más adulteremos el significado de la palabra Museo, aplicándola a lo que, a lo más, sería otro Centro de interpretación de una realidad compleja. ¿Qué se nos va a ofrecer fuera de la cartelería, de las cornetas y tambores, de los abalorios y vestidos de las imágenes, más algún «degradado» paso de segunda mano, en el que se reiteran cansinamente los neobarrocos motivos sevillanos de su adorno? Lo verdaderamente importante del caso serían las imágenes y éstas quedan muy bien en los altares de las iglesias, donde reciben el entrañable culto que le dispensan sus devotos. En suma: el interés museístico de Badajoz no debería ser cuantitativo, sino cualitativo. Y sobre esto habría mucho que hablar y, cómo no, reflexionar.

*Francisco Tejada Vizuete es director del Museo de la Catedral Metropolitana de Badajoz y Presidente de la Asociacion de Museólogos de la Iglesia en España (AMIE).

No hay comentarios: